Ni vivos
ni muertos, ni en el poder ni en la calle
se logrará de nosotros que cambiemos
nuestra conducta. Nos hemos opuesto y
nos opondremos siempre a los privilegios,
al robo, a la persecución, a la
tortura.
Creemos
en la libertad, en la dignidad y en el
derecho del pueblo dominicano a vivir
y a desarrollar su democracia con libertades
humanas pero también con justicia
social.
En siete
meses de gobierno no hemos derramado una
gota de sangre ni hemos ordenado una tortura
ni hemos aceptado que un centavo del pueblo
fuera a parar a manos de ladrones.
Hemos permitido
toda clase de libertades y hemos tolerado
toda clase de insultos, porque la democracia
debe ser tolerante; pero no hemos tolerado
persecuciones ni crímenes ni torturas
ni huelgas ilegales ni robos porque la
democracia respeta al ser humano y exige
que se respete el orden público
y demanda honestidad.
Los hombres
pueden caer, pero los principios no. Nosotros
podemos caer, pero el pueblo no debe permitir
que caiga la dignidad democrática.
La democracia
es un bien del pueblo y a él le
toca defenderla. Mientras tanto, aquí
estamos, dispuestos a seguir la voluntad
del pueblo.