Vísperas del ‘supermartes’
Josep Borrell
Viajo hacia Washington para mantener reuniones con las nuevas direcciones del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional en vísperas del primer martes de febrero, el supermartes, día en que las primarias que se celebran en 22 Estados, entre ellos California y Nueva York, decidirán los candidatos a las próximas elecciones presidenciales.
En el bando demócrata, Obama y H. Clinton mantienen su apretado codo a codo, y cuando estas líneas se publiquen ya casi sabremos si será un hombre negro o una mujer blanca quien por primera vez será candidato/a a la Casa Blanca.
Mientras, la economía americana empieza a destruir empleo y muestra un crecimiento casi nulo aumentando las perspectivas de que entre en recensión. Entre el tercer y el cuarto trimestre el ritmo de crecimiento anual ha caído del 4,9% al 0,6% y, por primera vez desde el 2003, la variación del empleo ha sido negativo, perdiendo 17.000 empleos en vez del esperado aumento de 75.000.
Como en España, las malas cifras del empleo se deben a la crisis de la construcción de la que las famosas subprimes han sido las detonantes. Los bancos han perdido mucho dinero y son ahora muy reacios a seguir prestándolo. Se ha pasado de una situación en la que se prestaba fácilmente a todo el mundo a otra en la que no se presta a nadie, ni siquiera entre los propios bancos. Las empresas invierten y contratan menos y el consumo, el principal factor del crecimiento, disminuye.
Como en España, la construcción no es el único sector afectado por la crisis, también la industria y los servicios como consecuencia de la degradación general de la actividad y del efecto arrastre que la construcción tiene sobre toda la economía.
Ante estos síntomas de debilidad, el propio Bush reconoce que “hay que hacer algo” y reclama que se apruebe su plan de impulso fiscal, que distribuye 150.000 millones de dólares a empresas y particulares. El jueves el Congreso lo votó masivamente por 385 votos frente a 35, pero el Senado ha propuesto un contraplan reduciendo los créditos fiscales a cambio de un aumento de la protección a los parados, como reclaman los dos candidatos demócratas en las vísperas del supermartes.
La Reserva Federal ya ha “hecho algo”, más bien bastante, bajando el tipo de interés 1,25 puntos en 8 días y dejando la puerta abierta a nuevas bajadas si fuera necesario. Y hasta el Fondo Monetario, el sancta santorum de la ortodoxia monetaria y gran censor del gasto y el déficit público, pide en Davos, por boca de su nuevo presidente el socialdemócrata francés Strauss-Khan, que los gobiernos que puedan deben impulsar fiscalmente la economía a través de la política presupuestaria.
El presidente del Partido Socialista Europeo, P. Nyrup Rasmussen, ha apoyado la propuesta de Strauss-Khan recordando que hace tiempo que viene pidiendo un relanzamiento coordinado de la inversión en Europa.
El FMI efectúa así un viraje de 180 grados con respecto a su doctrina tradicional. En otoño pasado invitaba a Bush a reducir su déficit y ahora aprueba su plan fiscal, que no hará sino aumentarlo, e invita a los demás gobiernos que hagan lo mismo porque no cree que se pueda salir de la crisis sólo con bajadas de tipos de interés.
Un cambio copernicano de los que sólo se producen en situaciones de extrema gravedad para la economía mundial como parece ser ésta. El problema es que no todos los países están en iguales condiciones para aumentar sus déficits sin agravar los problemas que pretender resolver. Algunos, como España, con un importante superávit de las cuentas públicas, acumulado en los años de bonanza, pueden ahora utilizar el presupuesto para hacer frente a las vacas flacas. Otros, como EEUU, la fuga hacia delante presupuestaria agravará sus problemas de mañana aunque ahora no les quede otro remedio.
Y hablando de “hacer algo”, en estas vísperas de supermartes, Bush ha presentado su proyecto de presupuesto para el próximo año fiscal, que en EEUU empieza en octubre. Por primera vez el presupuesto supera los 3 billones (3 millones de millones) de dólares. Bush fue también el primer presidente en pasar la barrera de los 2 billones de dólares en el 2002, pero desde entonces, a golpe de reducción de impuestos para los más ricos y de aventuras bélicas, se ha comido el superávit heredado de Clinton y el déficit que propone para el 2008 alcanzará casi el 3% del PIB.
En el capítulo de defensa pide 70.000 millones adicionales para Iraq y Afganistán, acompañados de recortes en toda una serie de gastos sociales y la permanencia de las rebajas fiscales establecidas al principio de su mandato con carácter transitorio.
Es dudoso que los demócratas aprueben esos recortes y que ese presupuesto pueda prosperar en vísperas electorales, con lo que Bush puede también perder la guerra contra la recensión. Pero todos pagaremos una parte del coste porque la vinculación de las economías europea y asiáticas con la norteamericana es todavía muy fuerte. Los chinos comprarán más dólares para financiar el 1% del PIB americano que cuesta el plan Bush, y ya acumulan 1,4 billones, y la caída del dólar va a devaluar esas reservas de cambio y agravar los problemas de competitividad de la industria europea.
Por ello, gane quien gane en las primarias del supermartes y después las próximas presidenciales, el nuevo inquilino de la Casa Blanca se enfrentará a la urgente necesidad de restablecer los equilibrios de la economía americana, cuyo deterioro es una de las más graves herencias de Bush.
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