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Una baja en el Eje

José Javaloyes 

La visita a Trípoli de la secretaria norteamericana de Estado marca un hito en la historia de la diplomacia norteamericana en el mundo árabe, y en la crónica del nacionalismo político agareno con Washington. Hasta la tarde del pasado viernes, horas en que Condoleezza Rice puso el pie en tierra líbica, para compartir a la noche con Muamar Gadafi la cena del cierre de Ramadán, nunca se había producido un contacto de ese nivel entre el régimen gadafiano y la Administración estadounidense.

Las relaciones entre Washington y Trípoli entraron en barrena, hasta su plena extinción, y el salto a la beligerancia política y militar, desde el momento en que el entonces coronel Gadafi, formado en la Escuela militar británica donde lo hicieron durante muchos años los beduinos de postín del mundo árabe, encabezó un golpe militar contra el rey Idris, estableciendo de seguido un régimen nacionalista en el que el poder personal del petrocaudillete se revistió con los diseños más vartiopintos en lo ideológico, combinando política y religión, nacionalismo y socialismo en las dosis que fueron más útiles y convenientes a cada circunstancia.

No pudo faltar en el recetario el terrorismo, cuando fue el caso, dentro de la práctica gadafiana de las “relaciones internacionales”, ni tampoco las élites policíacas del mundo soviético a la hora de blindar la seguridad interna del régimen frente a las sucesivas resistencias políticas internas en el país, donde la oposición fue extirpada, en cada uno de sus brotes, con precisión quirúrgica y profundidad quimioterápica. En este empeño destacaron los equipos importados en su día de la Alemania Comunista (RDA), la famosa Stasi de allende el Muro de Berlín. Cuya calidad policial oí comentar un día a invitados cubanos en un café tripolitano el mismo año de la represión china de Tiananmen.

La visita de Rice a Trípoli acontece y coincide con la culminación de los procesos liquidatorios de las indemnizaciones líbicas a las víctimas de los atentados terroristas contra la aviación civil occidental y contra una discoteca en Berlín, en la que murieron, junto a otras víctimas civiles, dos soldados norteamericanos. Fue en la primavera de 1986, durante el Gobierno de Ronald Regan, y trajo como represalia, el 15 de abril de aquel mismo año, el bombardeo, sobre Trípoli y Bengasi, de lugares donde los servicios secretos habían señalado como posibles ubicaciones del dictador beduino. Hubo más víctimas que en el atentado de Berlín.

Pero fue la entrega reciente a EEUU del plan libio para la fabricación del propio poder nuclear el punto donde se inició el retorno a la normalidad en las relaciones de Trípoli con Washington, apeando a Gadafi del carro de los malditos, del Eje del Mal en el que todavía se encuentran instalados Siria, Irán y —nuevamente— Corea del Norte por haber reanudado sus programas atómicos.

En términos prácticos, la utilidad inmediata de la visita de Rice a Trípoli puede situarse contra el decurso de la crónica guerra sudanesa de Darfur y en el conflicto del Chad, estructuralmente ligado a ella.

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